Lauty, el niño de Castelli que fue noticia en el diario La Nación

Lauty, el niño de Castelli que fue noticia en el diario La Nación

 

«Lauty duerme en la misma habitación que nosotros en una cama pegada a la nuestra porque cuando era más pequeño convulsionaba y se descomponía. Entonces, prefiero tenerlo cerca. Sin embargo, en esta cuarentena me puse a pensar que todos necesitábamos nuestro espacio y más en este encierro que nos toca vivir. Y se me ocurrió armar su cuarto para que él pueda ir tranquilo cuando lo necesita. Pusimos dos sillones, almohadones, una alfombra y sus osos. Es una habitación con mucha luz donde él puede mirar para afuera. También le gusta que vayamos a tomar unos mates y estar los tres juntos un rato a la tarde. Además, solemos hacer actividades del colegio. Él es feliz en ese lugar».

 

Ludmila Páez (33) se emociona al hablar de su hijo que si bien no tiene específicamente autismo, posee algunas conductas de ese espectro como un desorden sensorial, que provoca que le afecten algunos ruidos, y también es sensible a algunas texturas.

 

Una idea compartida

Como no habla, Lauty (10) se comunica mediante el PECS (Picture Exchange Communication System), un sistema de aprendizaje que permite a los niños con poca o ninguna capacidad verbal comunicarse usando imágenes. Puede ser utilizado en el hogar, en el aula o en una variedad de entornos. De esa forma, aprendió a comunicarse con imágenes sueltas, pero luego las empezó a combinar para aprender una variedad de estructuras gramaticales como, por ejemplo, «quiero pelota roja» y funciones comunicativas (pedir, informar, compartir con otros, expresar deseos).

 

Hace unas semanas Ludmila y el papá de Lauty, Javier, venían observando que su hijo todos los días se asomaba a la ventana de su nueva habitación esperando a los bomberos de la ciudad de Castelli (provincia de Buenos Aires) que a raíz de la cuarentena recorren las calles en sus camionetas utilizando una sirena mucho más suave que la habitual por lo que no le genera dificultad auditiva ni sensorial.

 

 

A partir de ese momento, cuenta Ludmila, Lauty los empezó a seguir con el pictograma señalando la palabra bomberos todo el día. Entonces, ella llamó a su amiga Romina, que es bombera voluntaria, para preguntarle si la próxima vez que pasaran por la puerta de su casa podían saludarlo y hacer sonar un «poquito» la sirena.

 

«Se reía, los ojitos le brillaban y temblaba de tanta emoción»

«Ella se puso feliz y me dijo que se lo iba a comunicar al cuartel y el mismo día su papá le había escrito a otro bombero (Juani) consultándole lo mismo. Fue muy loco: a los dos se nos había ocurrido la misma idea», dice Ludmila.

 

Cuando a Ludmila le confirmaron el día en que los bomberos iban a pasar a saludar a Lauty por su casa, le anticipó la noticia a su hijo ya que suele emocionarse mucho ante este tipo de encuentros. «Y así fue: ese día lloramos todos. Al principio, él estaba un poco nervioso. Sin embargo, se reía, los ojitos le brillaban y temblaba de tanta emoción. Los bomberos estaban felices porque conocen la historia de Lauty» , describe Ludmila.

 

Los bomberos pasan a saludarlo todos los díasLos bomberos pasan a saludarlo todos los días

Una dulce sorpresa

Ese encuentro no fue el único, sino todo lo contrario. A partir de ese momento, cada vez que los bomberos deciden pasar a saludar a Lauty le escriben a su mamá por WhatsApp para que los esperen y unos minutos antes de la hora señalada se ubica de frente a la ventana para disfrutar de esos segundos que para él y para sus padres son inolvidables.

 

El desafío de la cuarentena y el cuidado de los hijos con discapacidad

«La segunda vez él lo tomó más tranquilo, los saludó, mientras nos abrazaba muy fuerte. Una de esas tantas mañanas Romina me escribió para decirme que pasarían a entregarle un obsequio y le trajeron una bolsa llena de chocolates. Él estaba muy feliz, pero nervioso de emoción. Ahora nos toca explicarle todos los días con su agenda diaria de PECS que los bomberos están en el cuartel y que cuando podamos salir iremos a visitarlos porque los sigue esperando todos los días» , expresa su mamá, que se siente muy agradecida con el gesto de los bomberos voluntarios de su ciudad por regalarle a su hijo esos inolvidables momentos de alegría y de felicidad.

 

 

«Siempre vamos pensando en qué hacer para que Lauty sea feliz o intentando crear estos momentos para verlo sonreír aún más, ya que él es un niño que siempre está contento. Eso es lo que nos importa: verlo feliz, cada vez que lo vemos sonreír de emoción nosotros ya ganamos. Ganamos paz en nuestras almas, ganamos tranquilidad y seguridad de que vamos por buen camino» , termina Ludmila.

 

Por: Alejandro Gorenstein